
Ayer murió Alexéi Navalny. "Fue hallado muerto en la prision LOBO POLAR " dicen.
"Se encontró mal después de una caminata y perdió el conocimiento".
"Sigue vivo" dicen.
Ningún medio oficial dice que lo mataron. Sin embargo lo sabemos. Lo sentimos. Lo sabemos como supimos antes de tener pruebas que Jamal Khashoggi estaba muerto. Que lo habían matado en la embajada Saudí de Estambul. No sabíamos que le habían descuartizado y sacado a trozos de ahí, pero sabíamos quién lo había asesinado y por qué.
Con Navalny nos pasa igual. Le mataron. Le mataron por las mismas razones que mataron a Khashoggi. Por las mismas que mataron a Martin Luther King Jr. Por lo mismo que Salman Rushdie es tuerto y vive como un fugitivo sin un latido de descanso.
Me inquieta algo que he leído en el periódico británico BBC.
"Ya se han quemado todos los puentes”: por qué Occidente no tiene cómo responder a la muerte del opositor ruso Navalny".
Aparece la palabra más escalofriante : IMPUNIDAD.
Vivimos en un mundo sin ley. En el Far West todo vale.



